Uno de éstos mitos cuenta del triángulo amoroso entre dos volcanes, el Licancabur y Juriques y el Cerro Quimal. Los Atacameños consideran a los volcanes como a personas, y algunos dicen que son personajes de sangre real – como con todas las narraciones orales, los relatos van variando de aldea en aldea entre las distintas familias.

Cuando visite San Pedro de Atacama, pronto aprenderá a reconocer el Volcán Licancabur, uno de los más bellos volcanes que se alzan sobre el pueblo y el salar. La leyenda cuenta de un romance entre el Príncipe Licancabur y la Princesa Quimal, que es un cerro ubicado en el extremo del Gran Salar de Atacama.

Se cuenta que puesto que Licancabur era un volcán real, tenía un compañero, o   escudero, para cuidarlo. Este “tipo” se llamaba Juriques,  y era tan apuesto como Licancabur.

La Princesa Quimal y el Príncipe Licancabur querían casarse.  Por lo tanto, Quimal partió a buscar la bendición de su padre, el Volcán Laskar.  Sin embargo, como a veces sucede entre los jóvenes, Juriques también se enamoró de la bella Quimal y empezó a cortejarla.

Como le gustaban ambos cortejantes, Quimal se sintió confundida y pensó en cancelar su boda con Licancabur.  Se veía que iban a estallar todos los demonios, cuando el sabio Laskar intervino para salvar a los aldeanos de San Pedro, jurando acabar con la disputa de una vez por todas.

Tan furioso estaba Laskar que hizo erupción, y en su furia decapitó a Juriques. De acuerdo a la leyenda,  Juriques está ahora “descabezado” y los visitantes pueden ver su cumbre plana al lado del perfecto cono de la cumbre del Licancabur.

Laskar luego envió al exilio a su afligida hija Quimal, mandándola lejos de la comunidad y al lado más alejado del Gran Salar de Atacama, el mismo lugar en el que se encuentra hoy.

El mito dice que Quimal estaba tan arrepentida por haber sido la causa de tal desgracia que rogó a su padre Laskar que la perdonara, jurando que siempre había amado al Príncipe Licancabur.

Si por casualidad viene a San Pedro de Atacama en  Abril, entonces su visita puede coincidir con el día en que al amanecer se ve como  la sombra del Licancabur se alarga a través del salar hasta tocar los pies del Cerro Quimal.

Esta leyenda reúne su utilidad como advertencia para las jóvenes atacameñas contra la promiscuidad, y una manera de explicar la ubicación y características de los diferentes volcanes de la región.  Después de todo, ¡porqué otra razón algunos tienen cráteres hundidos mientras otros tienen formas cónicas!

Aprender sobre los volcanes y escalar las abruptas laderas de alguno de ellos puede ser un desafío, y a la vez, alguna de las muchas opciones que su guía privado le ofrecerá durante su estadía en el Awasi Atacama.

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